En plena campaña política es claro lo que Trump ha elegido como las estacas de su campaña.

Para convencer a sus seguidores -y sobre todo a los que no lo son- ha iniciado una serie de visitas a “estrellas” gubernamentales que no sirven para nada pero que por reflejo le darán una imagen imperial de gobernador real.

Junto a La Reina de Inglaterra y al Emperador de Japón (si ambos siguen vivos aunque no lo parezca),  Trump podrá tomarse fotos que lo harán verse imperial y por lo tanto reelegible en total contraste a los demócratas-socialistas que quieren mejorar las condiciones de vida de sus gobernados sin actitudes imperiales que tanto gustan a las masas ignorantes (que son las que si votan, mueven la balanza).

Pero si eso fallara, Trump seguirá promoviendo el enfrentamiento con migrantes, refugiados, ilegales, y todo aquel que le permita -al destrozarle la vida- hacerlo aparecer como firme defensor de la “integridad de un país” donde los únicos que no son inmigrantes viven encerrados en reservaciones mientras los hijos de los inmigrantes de ayer disfrutan de los beneficios de sus tierras.

Pero si perseguir inmigrantes, fotografiarse con reyes y promover conflicto no resultan suficientes, Trump ha abrazado -y abrazará mucho más en los próximos meses- la bandera de Dios -y no cualquier Dios-, solo el evangélico porque, aprovechando la imaginación evangélica que lo ha convertido en el Rey Ciro -quien regreso Jerusalén a los judíos (más bien regreso a los judíos pobres de Persia a Jerusalén) y con ello “facilitó” la llegada de Jesús  – (Se supone que sin templo Jesús no habría venido o de haberlo hecho nadie lo hubiera conocido (?)- , Trump hará todo lo posible por sacar a los palestinos de su territorio -lo cual el rey Bibi le agradece de todo corazón- les ofrecerá irse al desierto de Saudí Arabia (quería mandarlos al Sinaí pero Egipto ya se arrepintió) y le dará al gobierno israelí lo que sea, no porque le interese Israel o sea proisraelí sino porque necesita el voto evangelista que esta cada día más convencido de que nos acercamos al día de la ruptura (y si no cree Usted en eso vea lo que sucede en Sri Lanka, Yemen, Libia) que – igual que en el pasado- necesita del Templo de Jerusalén para que regrese el mesías y todos los que seamos o nos volvamos evangelistas podremos irnos con Él a pasar el resto de los días en su compañía.

Así, con los reyes de hoy, los reyes del pasado y el Rey de todos los tiempos Trump garantiza su reelección, y con ella realmente nos acerca a todos cada día más, a la sociedad de extrema derecha que tanto le gusta y que tanto apoya junto con Banon en todo el mundo sin importarle   que cada uno de sus reyecitos gobierna a costa de los más pobres,  pero eso sí, todos ayudan a los más ricos y crean hoteles, campos de golf y hasta poblaciones con su nombre.