Un padre e hijo han iniciado una caminata a través de los más de 3.200 kilómetros de frontera entre Estados Unidos y México para documentar la realidad de sus comunidades, y demostrar que “no hay que tener miedo”.

“Queremos que la gente vea que la frontera es como cualquier otro lugar”, señaló a Efe Nick Pineda, un aspirante a cineasta de 25 años y quien junto a su padre, Paul, han emprendido un trayecto en respuesta a la actual retórica antiinmigrante en la sociedad estadounidense y para mostrar la verdadera naturaleza de las poblaciones establecidas en la línea divisoria.

“La gente aquí solo quiere tener una buena vida, ver por sus familias y perseguir sus sueños como cualquier otra persona”, agregó el joven este miércoles a su llegada al Parque de la Amistad de San Diego, en el sur de California, donde comenzó junto a su progenitor de 58 años la que han denominado “Caminata por la frontera”.

Originarios de Seattle, estado de Washington, e inconformes con “muchas de las cosas” que el presidente de EE.UU., Donald Trump, ha dicho sobre los inmigrantes, padre e hijo decidieron iniciar un peregrinaje que les demandará dos años y para cuya primera etapa cruzarán 400 millas en tres semanas, hasta llegar a la localidad de Nogales, en Arizona.

En sus mochilas llevan lo indispensable: mudas de ropa, equipos de filmación y pasaportes. Si bien la mayor parte de la ruta la harán en suelo estadounidense los caminantes planean algunas paradas en localidades del lado mexicano para degustar su comida y hablar con los lugareños.

Ambos van a registrar su periplo, que debido a compromisos laborales tendrán que hacerlo por partes, y lo van a compartir en sus redes sociales para que se conozcan las voces de quienes han vivido por décadas “frente a los muros” así como el impacto de las decisiones que se toman en Washington, según señalaron.

“Hay mucha más vida, muchos aspectos interesantes al respecto, y esperamos poder fotografiarlo y mostrar a través de historias un poco más acerca de la frontera”, señaló Paul Pineda, asesor financiero e inversionista, quien espera que la gente no vea la línea divisoria “con miedo”.

Fueron las políticas contra la inmigración ilegal, que ha separado familias, así como el proyecto de un muro en la frontera lo que llevó a los dos a idear la caminata, la cual comenzaron el mismo día en que la secretaria de Seguridad Nacional (DHS, en sus siglas en inglés) de EE.UU., Kirstjen Nielsen, dijo en el Congreso que la “crisis humanitaria” en la frontera “está empeorando”, motivo por el que es necesaria la construcción de un muro.

El pasado mes de febrero, el presidente Trump declaró una emergencia nacional para reunir 6.600 millones de dólares, que se sumarían a otros 1.375 otorgados por el Poder Legislativo, para construir la barrera fronteriza, la cual fue una promesa durante su campaña electoral.

“Sería un uso muy pobre de fondos y hay realmente otras formas de invertir en la frontera que serían más interesantes y humanitarias”, consideró el padre, criado en El Paso (Texas) y descendiente de migrantes provenientes del estado mexicano de Chihuahua que cien años atrás se instalaron en Nuevo México.

De hecho, los dos harán en la siguiente etapa de su viaje la misma ruta que sus antecesores, como una forma de rendirles tributo y reforzar este diálogo, dijeron.

Los Pineda, que nunca han hecho un recorrido de este tipo, afirman estar en buena forma física, dado que el padre acostumbra a hacer senderismo y caminar maratones, mientras que el hijo ha llevado una preparación para la iniciativa.

Los dos han iniciado su ruta desde la esquina suroeste de Estados Unidos, entre San Diego (California) y Tijuana (México), bajo amenazas de lluvias que no se cumplieron al menos en sus primeras millas de trayecto.

Y no creen que enfrentarán mayores problemas en las próximas semanas, motivados tras haber resuelto su primer gran reto: “Convencer a mi mamá”, como dijo entre risas Nick.

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