Tanto ha acusado Trump a todos los medios de ser siempre mentirosos que ahora estos se dedican, y con mucho gusto, a medir y calificar todas las afirmaciones que Trump hace y que casi siempre son cuando no falsas, exageradas o medias verdades y así hoy presume de haber provocado el mejor “enero” de la “historia” refiriéndose a la situación económica y laboral en Estados Unidos, lo cual es correcto en cuanto a los últimos 20 años se refiere.

Claro que a Trump se le olvida que diciembre, también “su” diciembre fue el peor diciembre en 21 años sobre lo cual no dijo nada.

Que se “auto aplauda”, que medio diga la verdad (o medio mienta) no es nada nuevo ni muy agradable pero lo peor son las consecuencias porque ahora todos “sabemos” que todos los medios (cada uno desde su barrera),  todos son mentirosos y poco rigurosos, con lo cual logramos cuestionar la existencia misma de la verdad, y así, si todo es mentira nadie y todos somos mentirosos y el análisis riguroso ya no existe.

Si desaparece el análisis riguroso las ideas se vuelven innecesarias, los cuestionamientos una pérdida de tiempo y los análisis demagogia con lo cual la mentira, la falsedad, el momento en el que vivimos y no su relación -ni con el pasado ni con el futuro- tienen sentido y así sin ninguna perspectiva histórica podemos repetir los mismos errores y estupideces una y otra vez con “sana” alegría.

Si la gente en general y usted lector en particular sigue permitiendo que le juzguen la realidad política en la que vivimos solo día a día, fuera de contexto, con medias verdades y por lo tanto medias mentiras usted está perdiendo la perspectiva y todos pagaremos el precio.

Él no cambiará, ojalá surja algún líder que aprecie la verdad, la venere y la proteja. Todos lo necesitamos si esperamos que el sistema democrático (el único que requiere de una población bien informada, que sepa reconocer y apreciar la verdad y que participe con ella en la toma de decisiones) sobreviva.

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