Trump no quiere construir un el muro en la frontera con México. En realidad, lo que busca es que sus seguidores y su base electoral, lo vean pelearse por el muro con los demócratas y con los medios de comunicación. Busca confrontaciones públicas en televisión para vender la idea de que lucha intensamente por la seguridad de su país y por cumplir una promesa que no quiere diligenciar y que le sirve para mantener el espectáculo que tiene montado. Es una estrategia de comunicación política. El muro es la herramienta para mantener el show en suspenso, una pelea permanente, una confrontación sin rumbo que asegura titulares y un rating alto. Es tratar la política como entretenimiento.

Hace unos meses decía que el muro, grande y fuerte, valdría 20.000 millones de dólares y que los mexicanos iban a pagar por él. “Nunca dije que México pagaría por el muro y nunca quise decir que México iba a escribir un cheque con el dinero”, dijo Trump el 10 de enero. Ahora la pelea es por 5,700 millones y contra los demócratas porque no le aprueban el presupuesto en el Congreso para una barrera de metal. Como resultado, el gobierno lleva un mes cerrado dejando sin salario a al menos 800.000 de personas.

Si en realidad quisiera construir el muro ya hubiera conseguido los 5,700 millones de dólares hace mucho tiempo. Él, que es un ‘gran negociador’ sabe que eso es poco comparado con el presupuesto de 4 trillones de dólares que tiene Estados Unidos para el 2019 y que hay muchas otras formas de conseguir los fondos. Pero no está preocupado por encontrar el dinero ni está dispuesto a negociar su financiación con los demócratas. De hecho, negó la propuesta de los demócratas cuando aceptaron financiar el muro a cambio de mantener el programa DACA, que le da estatus legal a los jóvenes que entraron de niños al país sin papeles. Pero ahora formula la misma propuesta que rechazó hace unas semanas.

De haber querido financiar el muro hubiera aprovechado sus primeros dos años de gobierno cuando tuvo la mayoría republicana en el congreso para asegurar los fondos. Sin embargo, esperó a que los demócratas ganaran la mayoría en la cámara de representantes para seguir generando debate confrontación.

“Yo ya ni se si el presidente quiere el muro. Creo que solo quiere el debate sobre el muro”, dijo la demócrata Nancy Pelosi, presidente de la Cámara de Representantes.

Si en realidad quisiera construir el muro, ya hubiera empezado hace rato y los kilómetros construidos los habría promocionado como un gran logro para la seguridad del país. En cambio, ya lleva dos años de gobierno, le quedan dos. En este tiempo no ha construido ni un kilómetro y no le va a alcanzar el tiempo para terminarlo, si es que lo empieza.

En la frontera ya hay 1050 KM de barrera construida que ha llevado 3 años en construirse. Los otros dos tercios de barrera, equivalentes a 2170 kilómetros se demorarían al menos 6 años en hacerse. Esto, sin tener en cuenta que todavía no se han comprado los predios por donde se construiría el resto de la barrera que pasaría por reservas naturales y que afronta otros desafíos legales. Razón por la cual, el tiempo estimado de construcción podría extenderse aún más.

En total son casi 3200 kilómetros de frontera terrestre con México con 25 puntos de entrada legales que es por donde ingresa la mayor cantidad de droga a Estados Unidos, como lo afirma la DEA (Oficina de control de drogas de EE. UU.). Esta información que contradice la hipótesis de Trump donde dice que el muro acabaría con el crimen y el tráfico de drogas. La corrupción en la frontera y el lucro de muchos en este negocio parece ser el problema real como lo expone Vice en el documental “Como los carteles mexicanos pasan la metanfetamina a Estados Unidos”.

El muro claramente no solucionaría el problema de la droga ni tampoco el de la inmigración ilegal porque muchas de las personas llegan a la frontera por los puntos de entrada legales a pedir asilo político. Hechos que el presidente Trump conoce, pero insiste en el muro para mantener el show mediático y asegurar la fidelidad de su base electoral masificada alrededor del miedo en un enemigo en común: el inmigrante.

Trump no quiere el muro. Quiere el debate y la confrontación él. Es su mejor herramienta para distraer la atención pública de la investigación sobre sus vínculos con Rusia y su mal manejo de fondos de campaña electoral a la presidencia que ponen en riesgo su permanencia en el poder.

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