Sí algo podemos asegurar de la sociedad y la pseudo democracia de Estados Unidos es que se desmorona y se polariza cada día más, no sólo por la posición radical del Presidente Trump, porque tal vez las raíces de esta descomposición se encuentran en la constante fragmentación de la sociedad norteamericana a partir de una visión liberal que permitió una de las mayores aberraciones de la sociedad contemporánea, las políticas a favor de minorías que se dividen en grupos más pequeños cada día, que se creen independientes del conjunto mayor que los contiene y lo censuran a partir del discurso sórdido y castrante de lo políticamente correcto.

Cuando Nike lanzó su nueva campaña y a los deportistas que representan a la marca en ella, sin duda lo que más llamó la atención fue la inclusión del ex quarterback de la NFL y actual atleta desempleado, Colin Kaepernick. ¿Por qué? Porque este hombre negro decidió mostrar su posición frente al racismo instalado en Estados Unidos desde su fundación y la forma en que llevó a cabo su protesta fue hincarse al inicio de cada partido de la NFL en el que ha participado en el momento en que toca el himno nacional de Estados Unidos, la protesta llevó a otros jugadores de la NFL de todos los colores y razas a hacer lo mismo y esto enfureció al presidente racista y Nazi de Estados Unidos. Quien desde entonces ha hablado mal de la liga y tratado de obligar a los dueños de los equipos y al comisionado a despedir a los jugadores.

El día que se dio a conocer la campaña de Nike las redes sociales en Estados Unidos estallaron polarizadas a favor y en contra del atleta y de la marca. Por la noche el conductor del Daily Show de Comedy Central, el sudafricano Noah Trevor, reflexionaba al respecto el hecho de no engancharse con algo que únicamente es una campaña de publicitaria de una empresa para vender, que aprovecha dos cosas; el enojo de la población negra ante la política de intolerancia del gobierno federal de Estados Unidos, así como la figura no sólo la Kaepernick, si no la de Serena Williams, Odell Beckham Jr, Le Bron James, claro ante está pléyade de atletas negros Donald Trump y lo peor de la sociedad estadounidense saltaron, el primero con sus declaraciones, la segunda quemando el calzado de Nike bajo el hashtag Burningnike. El objetivo de la marca se logró. Para bien o para mal la publicidad una vez más puso a la marca en la mente del consumidor.

Pero el fenómeno social ahí sigue, un presidente que es una vergüenza mundial y un sistema de viejos racistas que desde su partido lo apoyan. El 7 de septiembre el ex presidente Barack Obama en un discurso de aceptación de un premio de ética en su gobierno, en la Universidad de Illinois en Urbana-Champaign declaró el peligro que Trump representa para Estados Unidos, a la democracia y por extensión a la forma de vida que los norteamericanos quieren hacer creer al resto del mundo se basa en la diversidad y la tolerancia, algo que hoy se muestra más falso que nunca cuando el presidente norteamericano  es el primero en apoyar la segregación, el racismo y él mismo es incapaz de reconocer lo malo de estas posturas.

Obama señaló que Trump, no es la causa de los problemas raciales y antidemocráticos de su país si no un síntoma de ellos, lo cual tristemente es una forma de evadir la responsabilidad de saber que Trump no es ni una, ni otra, sino la consecuencia lógica de una mayoría blanca, anglosajona, ignorante, y prepotente a la que representa y a la que el resto de los norteamericanos no supieron ni oponerse ni derrotar, pero que desde hace dos años no han dejado de lamentar. Lo que demuestra el estado decadente no sólo de una sociedad pasiva, sino de una democracia ficticia que sigue siendo dominada por unos pocos. algo que los norteamericanos no están dispuestos a reconocer y asumen a Trump como un riesgo hacía el interior de un sistema que ellos insisten es perfecto.

Frente una democracia que no es tal y depende de un amañado colegio electoral, en Estados Unidos las dos minorías más importantes y que juntas superan a la mayoría blanca; Negros y Latinos tienen tantos problemas entre ellas que no son capaces de hablaren unidad y mucho menos de armar discursos coherentes que unan sus demandas no como minorías sino como ciudadanos norteamericanos con todos los derechos y obligaciones que se atribuyen los blancos.

Lo que nos lleva al verdadero problema de la sociedad americana; nadie se siente norteamericano, gracias a las tonterías impuestas por grupos minoritarios de la sociedad y a “lo políticamente correcto” las sociedad se ha fragmentado en grupos que se creen más importantes que la sociedad y el estado por el que son representados.

México-americanos, afro-americanos, judío-americanos, sajones-americanos, nativos-americanos homo-americanos, marijuano-americanos y cualquier otro subgrupo poblacional real o ficticio que surja en los próximos 45 minutos, no aporta nada al discurso de la nación.

Al contrario la divide fomentando odio y racismos entre miembros y comunidades a los que en teoría representa y unifica una bandera, un gobierno y un presidente. Mientras Donald Trump gobierna de manera exclusiva para los blancos anglosajones y protestantes, el resto de los norteamericanos quedan en la orfandad.

Los medios, a excepción de Fox News vocero de la política de Trump o si somos mal pensados quien dicta la política de Trump, denuncian en algunas de sus series más importantes el racismo, como un ejercicio diario del poder gubernamental norteamericano, series como “How to get away with murder” lo dejan de manera devastadoramente clara, sobre todo en su más reciente temporada. “American Crime” de la cadena de televisión abc y que duró solo tres temporadas debido a la fuerza de los argumentos que mostraban una nación que no lo es, donde la impunidad a los actos deshonestos y criminales de los blancos está sobre cualquiera de las cosas y al igual que “How to get away with murder” muestra que no se aplica la ley, ni se mide con la misma vara  a negros, blancos, latinos y nativos indígenas, porque el sistema esta corrompido.

Eso que Obama llama síntoma, es algo mucho peor que se demuestra cuando son las tripas lo que está detrás de una orden ejecutiva de Trump y no la razón. Cuando alguien está dispuesto a quemar sus pertenencias sólo porque confunde la ideología con la publicidad, no estamos hablando de justicia, ni de diálogo.

Es claro que en una nación donde la población blanca es cada día menor, los norteamericanos están obligados a ser muy críticos de su condición. Pronto habrán pasado los días de su liderazgo mundial y no pueden seguir divididos entre ellos, el país corre el peligro de desmoronarse y balcanizarse.

Creo que es también momento de que nosotros como mexicanos evaluemos esos trendings norteamericanos de segmentación poblacional y ser políticamente correctos que ya se manifiestan entre nosotros y apuntalan los discursos de odio que vemos desde antes de las campaña presidenciales. Debemos evitar que se conviertan en algo común y promotor de la división entre los habitantes que se creen con derechos especiales.

Por ejemplo, hace unos meses un joven defendía de manera visceral más que racional la idea de que el grupo poblacional más vulnerable de crímenes en México son los homosexuales, algo que es totalmente falso. En México los grupos más vulnerables son las mujeres y los niños al homicidio, violencia y acoso. Sin embargo, son más ciento cuatro mil los muertos en lo que va de este sexenio fallido de los cuales lo que podemos decir es que eran en su mayoría mexicanos. Mexicanos a secas.

En México cuando yo era niño y joven vivíamos los mexicanos, todos los subgrupos y géneros éramos definidos por ser antes que nada mexicanos, hoy pareciera que como decía mi abuela únicamente “copiamos lo malo de los gringos” y queremos ser algo más antes que mexicanos. Incluso se empieza a hablar de afro-mexicanos en referencia al número importante de descendientes de esclavos africanos que terminaron en tiempos de la Colonia Española en nuestro país. Eso sin contar la posición feminista o gay de anteponer su género o sus preferencias sexuales a su identificación como mexicanos. Lo mismo sucede con los grupos privilegiados de políticos que pretenden que la condición de servidor los define, sin tener en cuenta que ante todo a un político lo define, o al menos eso dice la teoría y la ley, la vocación de servicio. Ellos sólo buscan ser políticos para quedar exentos de rendir cuentas fiscales, legales o de cualquier índole frente al justicia o la ciudadanía.

Dividir y vencer. Hoy sucede con el discurso de odio que nace desde la derecha extrema nacida en Atlacomulco, en Sonora, o Querétaro donde los lideres del PRIAN mandan sus mensaje irracionales en contra del presidente electo a través de sus periodistas y también desde Tabasco, Chiapas con los personajes mafiosos de Morena y sus partidos afines incluidos el PRI. Tenemos que trabajar como mexicanos todos, no como segmentos individuales de una sociedad fragmentada que nada bueno puede traer al país.

Probablemente en los próximos años veamos desmoronarse al Estados Unidos hegemónico y arrogante que conocemos desde hace un siglo, curiosa y tristemente como consecuencia de sus discrepancias internas y su desunión. ¿Acaso queremos lo mismo para nuestro país? Aprendamos de todos los errores de la “democracia” menos demócrata del mundo libre.

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