Un sábado reciente, Byron Bentancourt, de 29 años, llegó a la tienda de la esquina de Santa Ana en Allapattah con un fajo de billetes de $100.

El día siguiente era el Día de las Madres en su natal Honduras. Bentancourt lleva siete años sin visitar su país y todo este tiempo se ha dedicado a trabajar en la construcción en el condado Miami-Dade, ganando unos $20 la hora.

“Es algo muy complicado, no estar cerca de ella”, dijo Bentancourt, quien en Estados Unidos solamente tiene una tía y algunos primos. Vestido con unos jeans y un portateléfono grande, tiene aspecto de contratista, pero dice que nunca esperó terminar en el negocio de la construcción después de trabajar en la finca de su padre.

Bentancourt no dijo si es indocumentado, pero un informe reciente indica que el volumen de las remesas puede estar aumentando en momentos que inmigrantes como Bentancourt anticipan estancias más cortas en Estados Unidos, lo que hace que envíen más de sus ahorros mientras pueden.

El informe, dado a conocer por el Banco Mundial el mes pasado, muestra que la remesas hacia América Latina y el Caribe aumentaron 8.7 por ciento en el 2017, para llegar a un récord de casi $80,000 millones.

“El aumento de las remesas fue robusto en México [6.6 por ciento], El Salvador [9.7 por ciento], Colombia [15 por ciento], Guatemala [14.3 por ciento], Honduras [12 por ciento] y Nicaragua [10 por ciento]”, indica el informe. “En el 2018, se espera que la remesas a la región aumenten 4.3 por ciento, a $83,000 millones, apoyadas por una mejoría en el mercado laboral de Estados Unidos y perspectivas de mayor crecimiento en Italia y España”.

En febrero, Manuel Orozco, de la organización Diálogo Interamericano, publicó un informe que llegó a conclusiones similares a las del Banco Mundial. En Honduras, por ejemplo, la remesas aumentaron 17 por ciento en el 2017. Su encuesta concluyó que el 55 por ciento de las personas temían ser deportados, y este grupo envió dinero en cantidades 24 por ciento por encima del promedio.

Orozco anticipa que el total de las remesas comenzará a bajar cuando se mida el próximo año.

“Los efectos de las deportaciones y la llegada de menos cantidad de personas a Estados Unidos ciertamente afectará las remesas”, escribió. “El impacto probablemente se note dentro de un año, y será particularmente severo en México y Centroamérica. En el caso de los migrantes centroamericanos, por ejemplo, un aumento de 15 por ciento o más en las deportaciones reduciría el número de personas que envían remesas, lo que a su vez haría bajar sustancialmente las remesas”.

Intermex, empresa de transferencias y remesas con sede en Miami, dijo que el volumen de las transacciones se aceleró entre el el 2016 y el 2017 en tres de sus cuatro mayores mercados: Honduras, Guatemala y El Salvador. Para finales de este mes, anticipa que el volumen de transacciones toque una cota máxima y supere los dos millones de transacciones en un mes, gracias en parte a la celebración del Día de las Madres en América Latina.

Bob Lisy, presidente de Intermex, dice que la mayoría de sus clientes en Estados Unidos no tienen cuentas de banco, principalmente porque son indocumentados. Eso es un obstáculo para adoptar una tecnología de transferencia digital de dinero porque las mayoría de las aplicaciones tienen fuertes normas de complimiento bancario. Las compañías de envío de remesas en persona también tienen exigencias y deben reportar actividades sospechosas, pero el envío de efectivo no exige una transacción de banco a banco.

Pero Lisy dijo que todo esto tiene un componente cultural de confiar en lo que ya es familiar para sus clientes.

“No hemos visto una migración importante [a las transacciones digitales] en nuestro componente latinoamericano”, dijo. “Eso sucede más rápido en otros sectores, como India o Filipinas, donde hay un tipo diferente de consumidor”.

Aunque Bentancourt se considera conocedor de la tecnología, prefiere usar el servicio personal que ofrece Intermex en Santa Ana.

“Me siento más confiado” usando el servicio personal, dijo. Un primo también usa el servicio en la misma tienda, ya que también el negocio está cerca de donde viven.

De hecho, los latinoamericanos se adaptan lentamente a las numerosas opciones digitales para transferir dinero a sus países, muestran varios informes. Y además existe una desconfianza inherente en las nuevas tecnologías entre algunos, dijo Loany Madrid, coproprietaria del mercado Santa Ana.

“[A mis clientes] no les gusta usar internet porque somos hispanos y preferimos hacerlo personalmente”, dijo. “Se sienten más seguros de esa manera”.

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