Felipe Ehrenberg sostenía que en México hay guerra civil. De entrada uno pensaba que Felipe exageraba las cosas, aunque, el siempre fue un personaje mesurado, inteligente, que no decía las cosas para escandalizar sino para alertar. Y sin embargo, sus llamados no recibieron la atención que merecían.

Recientemente visite Acapulco con motivo de una reunión familiar. Reservamos una casa con muchas habitaciones en la zona del puerto que esta fuera de la realidad nacional (Playa Guitarrón). Albercas de agua dulce y salada, gimnasio, habitaciones de lujo y una atención de primera, justamente lo que se puede pagar, aunque los trabajadores no reciban lo que merecen.

En una excursión a Barra Vieja, una zona legendaria por su buen pescado a la talla y restaurantes con magníficas salsas, pasamos por un retén de la Policía Comunitaria, había un par de personas al costado de la carretera y si no hubiera sido por los conos que obligaban a frenar, no nos hubiéramos dado cuenta de ellos. Al regreso, hacia las 6.30 pm en el mismo retén una persona pedía una cooperación voluntaria sin presionar a nadie, pero al costado de la carretera había personas con armas de asalto.

En la zona había fuerte presencia policíaca y la militar muy leve, los pocos que vi fue sobre la Costera, o sea el Acapulco moderno, el viejo queda ya muy lejos y no existe el estímulo de visitarlo porque además es a dónde alertan para mantenerse lejos.

Hace solamente unos meses a una sobrina que estaba de visita en el “nuevo Acapulco” un taxi se negó a llevarlos a la Costera, porque la Ciudad estaba “caliente” y un sobrino me cuenta que hay que ser muy cuidadoso para visitar los antros. Enfático me dijo: “En el antro si chocas con alguien me apresuro a pedir disculpas”. Y me recordó el caso de una joven a la que le sacaron una pistola en el antro. “Me se tres historias sobre el suceso”. Aunque cualquiera de las explicaciones puede ser cierta o tal vez haya otra, lo cierto es que la joven fue amenazada.

Me informa una de las cocineras que fue a visitar a su hermana y a las siete de la noche el taxi ya no sale de la colonia porque no tiene autorización, al parecer de los criminales.

Dependiendo de con quién se hable la historia sobre la situación en su colonia puede ser más o menos grave. Un chófer va de su casa al trabajo y viceversa y me aclara: “Si no andas en nada malo no te pasa nada, yo no tomo nada y no voy a ningún lado”. Otra persona me aclara que en su colonia no pasa nada porque hace mucho tiempo sacaron a los malos. “Ah, pero estamos muy alertas. Si vemos a alguien que no es de la zona, avisamos de inmediato”

– ¿Tienen armas?

– Los hombres sí.

– Y si no son de ahí, ¿qué?

– Estamos pendientes, si es un vehículo con los vidrios obscuros y está rondando, los hombres van a averiguar y le hablan a la policía.

Claramente esa colonia, dónde no pasa nada, tiene bien organizada su auto defensa, aunque ellos no lo llamen de esa manera.

La gente está politizada, asignan la culpas con gran claridad y tienen  claro que votarán con la esperanza de que esa realidad cambie.

Me hacen sentir que la droga se queda en Acapulco, aunque al final una persona aceptó que debe haber el acceso para los turistas, aunque “los malos” no entran a la zona turística.

Es posible blindar zonas turísticas, para llegar a la casa que rentamos pasamos tres filtros de seguridad antes de llegar al portón que se acciona eléctricamente. Y el vehículo que entró por nosotros tuvo que dejar depositada la identificación de la empresa dónde trabaja.

Prácticamente todos los locales conocen a alguien que ha muerto. El nivel de victimización es amplio y la perla del Pacífico, aunque mantiene su belleza ha perdido una buena parte de su atractivo.

Lo sorprendente es que sigue habiendo mercado para propiedades caras. Y me aclaran:

– “Los que van a invertir se aseguran que los edificios cuenten con todos los servicios para nada más entrar y no salir hasta que vuelven a México. Los que ya invirtieron mantienen su propiedades pero no se aventuran fuera de ellas. Pero ya no son muchos los que buscan Acapulco”.

La guerra civil se siente y en parte se puede ver por las caras largas y el derrame de preocupación cuando se hace la primera pregunta.

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