Los miembros restantes de la tan discutida caravana de migrantes centroamericanos arribaron a Tijuana, México, el pasado fin de semana para buscar asilo político en Estados unidos. El evento, y la reacción del presidente hacia el mismo, dieron pie a una nueva ronda del debate en torno al manejo y seguridad de la frontera entre Estados Unidos y México.

En parte, es una conversación muy seria sobre cómo responder a las tendencias migratorias, incluyendo el hecho de que ahora hay menos migrantes provenientes de México que buscan una mayor estabilidad económica y más migrantes provenientes de Centroamérica que buscan el asilo político. Pero también es una discusión cargada de una retórica política que no siempre se basa en la verdad. He aquí cinco mitos que aún prevalecen sobre los cruces migratorios en la frontera.

Mito número 1

La frontera está fuera de control

Donald Trump ha estado trabajando con los gobernadores de los estados fronterizos para desplegar tropas de la Guardia Nacional en la región, agregando literalmente una mayor cantidad de elementos en tierra junto a las otras metáforas militares utilizadas para describir la situación: El procurador general, Jeff Sessions, durante una visita a El Paso, declaró que la frontera era la “zona cero”, un “campo de batalla” en el que había que enfrentar “a los cárteles del narcotráfico”, haciendo eco al análisis estratégico-militar del general Barry McCaffrey en el 2011, quien describió las condiciones a lo largo de la frontera de ser “equivalentes a vivir en una zona de guerra”. La Casa Blanca asevera que la frontera es porosa, diciendo que “con nuestras actuales leyes y recursos, no podemos detener el cruce de inmigrantes ilegales”, y los sondeos muestran que la mayoría de los estadounidenses piensan que la frontera no es segura.

Semejante lenguaje sugiere altos niveles de violencia en las comunidades fronterizas estadounidenses, pero las estadísticas del FBI que yo he analizado para un próximo reportaje para el Instituto México muestran que del 2011 al 2015, los 23 condados, a excepción de uno, a lo largo de la frontera de Estados Unidos tienen índices de delitos violentos más bajos que el promedio nacional de otros condados similares, un hallazgo que hace eco a análisis anteriores.

En ciertas maneras, la frontera es porosa –más de 300 mil personas fueron aprehendidas el año pasado por cruzar al país de manera ilegal. Pero, ¿qué significa contar con una frontera segura? El número de agentes de la Patrulla Fronteriza se ha incrementado más del cuádruple desde comienzos de la década de los noventa, y la cifra de 300 mil inmigrantes aprehendidos es la más baja que se ha registrado desde 1971, significando que la frontera es igual de segura como lo ha sido en casi cinco décadas. Sin una única manera en la que todos podamos estar de acuerdo para medir la seguridad en la frontera, estamos atorados en un debate político que tiene tanto que ver con semántica como con substancia.

Mito número 2

Un muro fronterizo frenará la epidemia de opioides

Trump ofrece un muro fronterizo como solución a las estratosféricas cifras de decesos relacionados a los opioides, registrados alrededor del país. “Noventa por ciento de la heroína en Estados Unidos viene de la frontera sur, donde eventualmente los demócratas estarán de acuerdo con nosotros y construiremos un muro para evitar que las malditas drogas entren al país”, según dijo Trump en un discurso en New Hampshire en marzo.

Otros, incluyendo el sindicato de la Patrulla Fronteriza, concuerdan en que un muro ayudaría a cortar de raíz el flujo de las drogas. Héctor Garza, un agente fronterizo, dijo a Fox News recientemente que “definitivamente necesitamos una barrera física que salvará las vidas de los estadounidenses”.

Pero las causas principales de los decesos relacionados a los opioides en el 2016 fueron, en el siguiente orden: los opioides sintéticos como el fentanyl, opioides con recetas médicas y la heroína. Una enorme porción del medicamento fentanyl es enviado por correo o por medio de alguna compañía de entrega inmediata directamente desde China. Una parte es traficada por México, pero usualmente en vehículos por cruces oficiales y no por las remotas áreas donde un muro quizás complique los planes de los contrabandistas. Los opioides con recetas médicas son producidos y enviados por medios legales. Finalmente, aunque el tráfico de la heroína ha evolucionado por el transcurso de la última década para entrar a Estados Unidos primordialmente por México, la droga, también es primeramente transportada en vehículos a través de cruces oficiales. Las mejoras en los puertos de entrada y una mayor cooperación con funcionarios mexicanos podrían contribuir a una estrategia comprensiva antiopioides, no un muro fronterizo.

Mito número 3

Las acciones policiales no reducen los cruces ilegales de personas

Por décadas, los elevados gastos en seguridad fronteriza no han podido revertir la creciente oleada de la inmigración ilegal. Un reporte del Consejo de Relaciones Exteriores del 2006 resumió una investigación que se hizo en ese entonces, respondiendo a la pregunta: “¿Acaso una creciente inversión en las acciones policiales en la frontera reduce la inmigración ilegal?” con una escueta respuesta, “La verdad, no”. Los investigadores, como el antropólogo Jason de León, señalaron que en lugar de detener a los migrantes, una seguridad más estricta tenía un “efecto de globo –si uno se centra en un área, el flujo de personas entonces se mueve a otra área”.

Es cierto que las acciones policiales obligan a los migrantes a cruzar por áreas más remotas y peligrosas. Pero los oficiales fronterizos estadounidenses son cada vez más efectivos a la hora de detener a aquellas personas que buscan cruzar la frontera de manera ilegal, tal como fue demostrado por los economistas Bryan Roberts y John Whitley. Y los sondeos muestran que los migrantes mexicanos aprehendidos y regresados a México son menos propensos a intentar volver a cruzar hacia Estados Unidos, con un estimado de aquellos que dicen haberlo intentado de nueva cuenta cayendo de un 95 por ciento en el 2005 a un 49 por ciento en el 2015, de acuerdo con un reporte del Instituto de Política Migratoria. Los cambios demográficos y en la economía durante dicho periodo dan muestra de dicho cambio, pero también en parte ha sido gracias a las acciones policiales, en particular el hecho de que los migrantes aprehendidos en la frontera ahora es más probable que se enfrenten a los procedimientos formales de deportación, en lugar de simplemente ser regresados al otro lado de la frontera.

Mito número 4

Grupos terroristas están explorando una zona porosa

En el 2015, emergieron reportes aseverando que el Estado Islámico había establecido un campamento a las afueras de Ciudad Juárez, México, justo al otro lado de la frontera con El Paso. El año anterior, el representante Duncan Hunter (republicano), cuyo distrito en el Congreso incluye a San Diego, aseguró que “al menos 10 combatientes del EIIL habían sido capturados al cruzar la frontera mexicana en Texas”.

Ambas aseveraciones han sido desmentidas. Nunca ha habido un ataque terrorista exitoso en Estados Unidos que tenga que ver con el cruce de la frontera entre Estados Unidos y México. En lugar de ello, tal como el Departamento de Estado reportó, México ha cooperado muy de cerca con Estados Unidos en asuntos contraterroristas, y no hay “información creíble de que miembros de algún grupo terrorista hayan viajado a través de México para acceder a los Estados Unidos”. Un análisis sobre la planeación y ejecución de ataques terroristas realizado por Kathleen Smarick y Gray LaFree de la Universidad de Maryland muestra que gran parte del traslado de estos grupos es por medio de aeropuertos y puertos marítimos en lugar de tener que cruzar los territorios en la frontera de Estados Unidos. Todo esto significa que los enormes flujos de migrantes en la frontera sur no generan significativos riesgos de terrorismo.

Mito número 5

Las leyes de México son fuertes, y las nuestras son débiles

Un nuevo mito ha emergido del reciente drama en torno a la caravana de migrantes centroamericanos que buscan asilo político en el puerto de entrada de San Ysidro, en San Diego. En abril, Trump tuiteó: “nuestras leyes fronterizas son muy débiles mientras que las de México y Canadá son muy fuertes”. A ese tuit le siguió otro al día siguiente, diciendo que “la caravana se ha disuelto en gran parte gracias a las fuertes leyes de inmigración de México”.

Y es verdad que México se ha convertido en un importante aliado de Estados Unidos en controlar la migración centroamericana; les ha otorgado visas a un creciente número de refugiados y ha deportado grandes cantidades de migrantes que arriban a la frontera con Estados Unidos.

Sin embargo, las declaraciones de Trump son erróneas en varios puntos. México aprobó una importante reforma a su código migratorio en el 2011, buscando limitar la naturaleza discriminatoria de la acción policial, la cual ha servido como una herramienta de corrupción, y para reforzar la protección de los derechos humanos de los migrantes. Fue una reforma pro-migrante, y sin importar su implementación, las leyes de inmigración de México se alejan en gran medida del extremismo. En cuanto a si las leyes migratorias de Estados Unidos son débiles, eso es algo difícil de creer, ya que se cuenta con un sistema de inmigración y seguridad fronteriza que aprehende y deporta a cientos de miles de personas del país cada año.

La administración de Trump hace referencias a ciertas fallas que permiten a menores que viajan solos y algunas personas que buscan asilo político sean colocados con familiares o sean liberados de manera condicional, a veces por varios años, mientras que sus casos son procesados.

Pero en lugar de un marco legal débil, Estados unidos tiene un sistema de tribunales de inmigración y asilo político al que le hacen falta recursos. Las aplicaciones de asilo político se han cuadruplicado en el transcurso de la última década, ocasionando un retraso de más de 300 mil casos.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here