Interesante la controversia sobre el despido de un periodista de muy bajo nivel ético.

A este señor se le ha denominado Sicario mediático, texto servidor y otras linduras, debido en gran medida por sus notas agresivas, groseras e insultantes, las que escribe justamente en situaciones de tragedia o desgracia, justo cuando hay que respetar a las víctimas.

El ejercicio del periodismo es muy delicado y debe convertirse en voz social; para funcionar como equilibrio del poder político debe mantenerse lo más alejado posible del poder, cosa que este señor no solamente no hacía, sino que se ha demostrado que recibe dinero del gobierno, lo que sugiere que su autonomía es inexistente y puede sospecharse que escribe como encargo de quién le paga.

Habrá quién diga que no es el único y los hay que cobran más que él. A esto hay que responder que mal de muchos consuelo de pendejos. Pero aún dentro del mercenarismo, hay niveles de decencia y este señor se ha ubicado en las profundidades del drenaje del servilismo. Apesta por todos lados.

El tuit que disparó la crisis fue un llamado a asesinar al candidato presidencial López Obrador. Esto es incitación a la violencia y configura un delito. Si viviéramos en un Estado de derecho las autoridades hubieran procedido a investigarlo para ponerle cargos penales. Pero la administración de la ley la manejan los que le pagan, con lo que seguramente no actuarán.

Las respuestas han sido interesantes y peculiares. Hay quién dijo que él actuó mal y que igual hizo alguien más. Mal de muchos… Demanden a los que han incitado a la violencia y exíjanle al gobierno que actúe en contra de todos.

Hay quién indica que el tuit fue un error pero que es un periodista crítico y que por eso lo lincharon.

La tesis del linchamiento es interesante. El tuit disparó una reacción generalizada en las redes sociales que mostraban desprecio, reclamo y la exigencia de castigo. Un monero lanzó una campaña en Change.org pidiendo que lo recluyeran en un hospital psiquiátrico o en la cárcel, en siete horas alcanzó 7,000 firmas.

El linchamiento normalmente es una respuesta social para castigar a alguien que agrede a la sociedad cuándo falla la acción gubernamental. Si es así, en efecto la respuesta masiva en las redes puede considerarse como tal. Culpable el Estado no los que reaccionaron.

No pasaron ni 24 horas y dos televisoras decidieron sacarlo del aire. Lo interesante es que una es una empresa que no apoya al candidato agredido y la otra es del gobierno, y su director es nombrado por el secretario de Educación. La respuesta es sorpresiva. ¿Acaso reaccionaron ante la furia desatada? En las redes hay periodistas, que no solamente se rehúsan a censurar al texto servidor, sino que censuran a la televisora supuestamente por haber cedido ante López Obrador, quién ignorando al pseudo periodista trató de quitárle importancia al tuit.

Hay quien manejo a favor del sicario mediático el que tenga un premio nacional de periodismo y aquí conviene reflexionar en esos premios y la calidad del periodismo que avalan. O los premios no sirven para nada, o démosle crédito y pensemos que tal vez en una vida pasada este personaje intentó hacer buen periodismo hasta que entendió la profundidad de la canción: “Vendes caro tu amor aventurera.”

Alguien escribió en facebook: “Prensa Libre, YA.” Y ahí está la clave.

No existe democracia sin equilibrios, formales e informales. La prensa es considerada el cuarto poder, justamente por su ubicación fuera del esquema de gobierno. La carencia de prensa libre refuerza las peores tendencias autoritarias, porque la sociedad no se entera de los abusos del poder y los políticos se saben con impunidad.

La historia de México desde el porfiriato es la historia de la prensa vendida y mediatizada. Se acompaña el garrote y el billete. No en vano México ocupa el segundo lugar en periodistas asesinados en el mundo y posiblemente de los primeros lugares en prensa vendida.

La prensa es vocero del gobierno y calla frente a las infamias por temor a que les retiren los cheques o las concesiones. En una ocasión me dieron la lista de periodistas que recibían una mensualidad de la PGR pidiéndome que la publicara como venganza del filtrador. El periodismo de investigación en México depende de filtraciones manipuladoras, por eso estamos a siglos de distancia del Washington Post cuyos periodistas tiraron a un presidente corrupto.

Ni soñar en que el caso de Alemán sirva como inicio de la limpieza de la prensa en México. Es parte del sistema autoritario y le interesa que continúe para no perder sus beneficios.

Ya se lanzarán con rabia si el nuevo presidente trata de limitar sus privilegios.

Hay que poner la esperanza democrática en otro lado, no en ellos.

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