Algunos de los muros tienen alambrados de púas, lo que declara desde el ingreso mismo que quienes se encuentran en sus instalaciones no están ahí por voluntad propia o pueden verse tentados a abandonar en cualquier momento el recinto ubicado en una zona relativamente apartada tras el cruce de la frontera.

Pero, fuera de eso, Reencuentro, un centro de rehabilitación integral ubicado en Rosarito, Baja California, posee muy buen aspecto, y el hecho de que todos sus espacios se encuentren al aire libre brinda una sensación de libertad que no suele relacionarse con los lugares en los que la estadía no es necesariamente deseada. Además, estos mismos espacios incluyen dos secciones especialmente llamativas: un área ecuestre con una plácida vista a las montañas y una zona con intencionales tintes espirituales y prehispánicos.

La directora y dueña de esta atípica clínica es Elvia O’Malley, una mujer de origen duranguense que ha pasado su vida adulta entre San Diego y Tijuana, y que ha llamado la atención por su apertura para revelar el origen de este centro: sus propias experiencias como madre de Giovanni, un joven adicto al ‘cristal’, colocadas como centro de “Cuando las drogas me arrebataron a mi hijo”, un libro escrito por ella misma que fue recientemente reconocido por el Círculo Nacional de Periodistas durante una ceremonia especial.

“Con todo lo que me estaba pasando, y como estaba triste, me puse a escribir en mi teléfono o cuando estaba en un avión para contarlo todo y de ese modo desfogarme”, le dijo a HOY Los Ángeles O’Malley, quien en los últimos años perdió a sus dos padres y se enfrentó a una grave enfermedad. “Nunca pensé hacer un libro, porque no tenía la instrucción para hacer algo así; mis hijos decían que se trataba de mi ‘novela de lágrimas, risas y amores’, porque cada vez que la escribía, lloraba”.

Poco a poco, le fue dando forma al texto hasta que se animó a publicarlo, según ella porque le interesaba comunicarle a otras madres que no estaban solas en esta lucha. “Además, decidí que si se vendían algunos ejemplares, el dinero iba a ir directamente a una fundación que tenemos para dar becas a las familias que tienen dificultades para pagar el tratamiento”, afirmó nuestra entrevistada.

Y es que si bien O’Malley proviene de una familia acomodada y dedicada al negocio de las maquinarias pesadas (que esta mujer dirigió a lo largo de 20 años), ella misma se empeña en señalar que la clínica abierta en el 2009 no tiene una intención monetaria.

“La verdad es que esto ha generado pérdidas económicas en relación a lo que hacía antes, pero a cambio obtengo la satisfacción de poder ayudar a muchos, incluyendo a mi hijo, quien está recuperando un poco la cordura, porque antes de abrir nuestro centro lo puse en varios lugares distintos, y salió del último hablando solo”, describió.

Reencuentro cuenta con un personal de cerca de 40 personas entre psicólogos, psiquiatras, enfermeros, terapeutas y cocineros, y admite regularmente a 35 personas, por lo que tiene a veces una larga lista de espera. “Mi trabajo anterior no tenía nada que ver con esto, por lo que fue un reto [abrir este lugar]”, admitió O’Malley. “Cuando me enfermé de un cáncer a la matriz que afortunadamente fue detectado a tiempo, tomé el primer año sabático de mi vida y me di cuenta de que tenía que hacer algo que no se relacionara simplemente al dinero”.

Su decisión tuvo que ver con el fracaso de los tratamientos a los que había sido sometido Giovanni, consistentes habitualmente en terapias de 45 días que lo llevaban a recaer una vez que era puesto en la calle. “Es un círculo vicioso, y te cobran por lo menos 10 mil dólares al mes”, nos dijo. “Yo no digo que aquí tengamos una varita mágica, porque son realmente pocos los pacientes que no recaen y hay mucho que depende de la familia; pero tratamos de que los muchachos reciban un buen diagnóstico y una atención personalizada, porque ahora hay muchas drogas distintas”.

“Nuestro costo es mucho menor; no hemos subido lo que cobrábamos cuando empezamos, hace ya ocho años”, agregó. “El programa que ofrecemos es de 3 mil dólares, pero tenemos  pacientes becados que pagan 1500 o que no pagan nada y que reciben lo mismo que los demás”.

Lo que llama también la atención es el uso de métodos como el de la equinoterapia, en el que se emplea a los caballos como una forma de reestablecer en los pacientes la calma y las funciones motrices que han ido perdiendo debido al abuso de sustancias.

Se recurre igualmente al temazcal, un baño de vapor de origen mesoamericano que O’Malley describe como una estrategia ideal de desintoxicación debido a que “el fuego purifica al trabajar las cuatro etapas del individuo, es decir, la niñez, la juventud y la madurez. Le gusta mucho a los pacientes, porque tiene cantos y simbolismos; y antes de entrar a él, hacen una danza en el patio”.

Personalmente, la autora y empresaria planea seguir viajando para transmitir el mensaje de ayuda que plantea, aunque asegura que ni esas charlas ni el libro publicado tienen como meta servir de promoción para la clínica que dirige.

“Quiero que la gente tome consciencia de que sus hijos necesitan ayuda, porque esto es una enfermedad; no me importa dónde vayan a obtenerla”, enfatizó. “Las familias deben admitir además en lo que han fallado, algo que no es fácil; en mi caso, como estaba muchas veces ausente debido al trabajo, le di a mi hijo todos los bienes materiales que pedía desde que era chico, sin darme cuenta de que lo que él necesitaba en realidad era pasar tiempo conmigo”.