“Tratamos de construir puentes, no muros”, ha sido la frase predilecta de Enrique Morones Careaga, un activista con raíces sinaloenses, pero nacido en Estados Unidos, lo que en su momento le dio la oportunidad de adquirir la doble nacionalidad.

Este sábado, el activista vio cumplido el sueño de construir puentes que unen en lugar muros que dividen, pues las gestiones del organismo que dirige y otros del mismo corte activista, cristalizaron la unión de 12 familias que viven separadas.

La separación de estas familias, cuyos miembros viven en México y Estados Unidos, obedece a diversas circunstancias, pero las más recientes divisiones familiares han surgido por el endurecimiento de las políticas migratorias en Estados Unidos.

“El amor no tiene fronteras”, señaló Morones Careaga este sábado, como corolario a la ceremonia civil que Evelia Reyes y Brian Houston celebraron justo en el espacio que ocupa la puerta en el muro fronterizo para la reunión de 12 familias.

Evelia y Brian aprovecharon sus tres minutos como mejor les pareció: unirse en matrimonio civil avalado por una jueza mexicana, ante decenas de testigos, invitados improvisados y también ante sus dos hijos: Alexis y Amiel.

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El resto de las familias también aprovecharon sus tres minutos como mejor les pareció, la mayoría fundidos en un abrazo e intentando hacer de esos los más largos 180 segundos de su vida, y retener en sus brazos a sus seres amados.

Esa fusión de emociones, fue la que logró que ese muro, al menos por este sábado, se convirtiera en un puente que une y dejara de ser, al menos por esos 36 minutos, el muro que separa a dos países hermanados por fuertes raíces y por sus culturas.

Hace años y a propósito del endurecimiento de las políticas de migración por parte de Estados Unidos, el mismo Morones Careaga declaró al reportero de Notimex que por muy altos que fueran los muros, los mexicanos siempre construirían una escalera más grande.

Este sábado, la Patrulla Fronteriza, por gestión de Ángeles de la Frontera, permitió que una docena de familias tuvieran en una superficie de aproximadamente dos metros cuadrados en la mitad del muro fronterizo, el puente que les permitió reencontrarse.