Después de meses de rumores e incertidumbre, los peores presagios se cumplen: Donald Trump ha decidido rescindir DACA, el programa de la era Barack Obama que protege de la deportación y permite obtener permisos de trabajo a unos 800,000 dreamers que llegaron a Estados Unidos como menores.

Previo al anuncio oficial hecho por el fiscal general Jeff Sessions, el Departamento de Seguridad Nacional (DHS) dio los detalles sobre el nuevo memo que sustituirá al que regulaba DACA desde 2012. Estas son las claves:

  • No se procesarán nuevas solicitudes para DACA a partir de hoy, 5 de septiembre de 2017. Es decir, si un inmigrante no está protegido por el programa, ya no podrá acogerse al mismo. Las solicitudes presentadas antes de hoy sí serán procesadas.
  • Los dreamers que tengan un permiso DACA que expire entre hoy y el 5 de marzo de 2018, podrán solicitar una renovación de dos años. Pero esta solicitud debe presentarse antes del 5 de octubre, en 30 días.
  • El memorando de DHS dice que se rechazarán las peticiones de renovación que no estén incluidas en los parámetros anteriores. Esto significa que los dreamers que tienen DACA y cuyos permisos expiran después del 5 de marzo de 2018 solo podrán seguir trabajando hasta que esos permisos terminen. Los beneficiarios de DACA irían perdiendo su protección progresivamente a partir de marzo.
  • Las aplicaciones que el gobierno recibió antes de este martes 5 de septiembre serán revisadas caso por caso. Las solicitudes pendientes recibirán una protección de dos años.
  • Quedan cancelados los permisos de viaje (advance parole). Los dreamers que cuenten con uno aprobado antes de hoy podrán retener los beneficios hasta que expire “de forma general”. El memo advierte, sin embargo, de que su admisión en Estados Unidos estará sujeta a la discreción de la Oficina de Aduanas y Control Fronterizo. Los permisos todavía pendientes de aprobación no se procesarán y se devolverán los cargos ya abonados para su tramitación.

Funcionarios de DHS dijeron que el servicio de inmigración (USCIS) no tiene planes de compartir los datos personales (direcciones, por ejemplo) con las autoridades del cumplimiento de las leyes de inmigración (ICE), excepto en caso de amenaza a la seguridad nacional. El destino de la información que los dreamers han compartido voluntariamente con el gobierno federal ha sido una de las principales preocupaciones sobre el fin de DACA. También han asegurado que los dreamers no serán prioridad de deportación cuando sus permisos de trabajo comiencen a expirar. Pero experiencias pasadas han demostrado que no ser prioridad no blinda a los inmigrantes de la deportación necesariamente.

No ha sido Trump el encargado de dar noticia a esta generación de jóvenes inmigrantes de que se quedarán sin protección de la deportación. El mensajero ha sido Jeff Sessions, un halcón de inmigración contrario al programa, al que considera inconstitucional por ser una extralimitación del poder ejecutivo. En un discurso de fuerte componente antiinmigrante, el fiscal general ha dicho que la “amnistía” migratoria ejecutiva “negó empleos a cientos de miles de estadounidenses permitiendo que esos mismos trabajos fueran a extranjeros ilegales”. El gobierno de Obama creó DACA en 2012 ante la incapacidad del Congreso de ofrecer una solución legislativa a los menores traídos a Estados Unidos por sus padres.

Con esta decisión, la administración se protege de la amenaza que hizo en junio un grupo fiscales de estados conservadores y opuestos a DACA, encabezados por Texas y el gobernador de Idaho, que prometieron demandar al gobierno si no eliminaba el programa.

La administración Trump ha justificado su decisión diciendo que se encontraban ante dos alternativas: reducir DACA de una forma ordenada que permitiera proteger a los beneficiarios actuales a corto plazo mientras trabaja con el Congreso para aprobar la legislación o arriesgarse a que los tribunales eliminaran programa por completo e inmediatamente. “Elegimos la opción menos perjudicial”, ha dicho Elaine Duke, secretaria en funciones de DHS.

Tras el anuncio de Sessions, Trump ha hecho público un comunicado en el que ha defendido y minimizado su actuación, enfatizando que la pelota está ahora en el tejado del Congreso:“Resolveremos la cuestión del DACA con corazón y compasión, pero a través del proceso democrático lícito, mientras que al mismo tiempo aseguraremos que cualquier reforma migratoria que adoptemamos provea beneficios duraderos para los ciudadanos estadounidenses a los que fuimos elegidos para servir. ¡Es hora de que el Congreso actúe!”.

No parecen haber surtido efecto las presiones de pesos pesados del partido republicano, incluidos el senador John McCain, y otras voces que han señalado la obligación moral de Estados Unidos de proveer una solución a los dreamers. Tampoco las de los CEOs de importantes empresas estadounidenses de la talla de Facebook o Apple, que han pedido a Trump que no rescindiera DACA y han advertido al presidente de las consecuencias económicas y humanas de una decisión así.

Jóvenes dreamers y activistas se han concentrado tanto frente al Hotel Trump en Washington DC como en la Torre Trump de Manhattan gritando “Debería darte vergüenza”. Varias personas han sido detenidas en Nueva York durante la protesta por la cancelación de DACA.