“Aunque estas son mis raíces, es un país que no conozco, una historia que no he escuchado. Es una cultura diferente, una vida diferente. Tus estudios, lo que sabes hacer no cuenta, porque no es igual. Lo único que tienes aquí es ser bilingüe, hablar inglés”, reflexiona Hugo Barreta Román, durante el tiempo de ´break´ en el call center donde trabaja.

El hombre de 39 años llegó a la Ciudad de México en enero del 2016. Fue deportado por la garita de Tijuana. No tenía ningún papel que lo identificara como mexicano, ya que cruzó ilegalmente a Estados Unidos con su padre y sus dos hermanos cuando sólo tenía siete años de edad.

Ya de nuevo en tierras mexicanas, las autoridades de migración le concedieron la repatriación y le ofrecieron un boleto de camión a la capital del país.

A pesar de que Hugo se especializó en economía y negocios en el bachillerato donde estudió, y también trabajó en el área de obras y construcción, le es imposible encontrar un empleo relacionado con sus conocimientos.

“Tengo estudios de economía, en bachillerato me gradué como asesor de negocios, pero la manera en la que se mueve la economía del país es muy diferente, entonces no podré entenderlo. Trabajé también en construcción y se cómo construir una casa, pero no podría aquí en México. Tanto el material como los diseños son muy diferentes”, resalta mientras hace señas de saludo a sus compañeros de trabajo que van llegando a este call center, ubicado en la calle De la República, frente al Monumento a la Revolución, en la Ciudad de México.

Por esa razón, el ´chicano´ optó por trabajar en un call center, donde el único y más importante requisito es dominar el idioma inglés, una aptitud tan sencilla del ser humano como lo es hablar.

La historia de Hugo no es la única. La mayoría de las personas que trabajan en los call centers en México, que ofrecen servicios de atención a clientes estadunidenses, son personas deportadas.

Después de vivir 14 años en el país vecino, Marco, de 32 años de edad, ingresó a trabajar a uno de estos centros de llamadas en la ciudad. Las razones fueron las prestaciones y el salario que ofrecen.

Además, en este tipo de lugares se siente en confianza, con gente parecida a él que ha pasado por situaciones similares y hablan el mismo idioma.

“Es de mucha ayuda porque no tienen ‘issues’ con nosotros porque tenemos tatuajes, hablamos diferente. Nos tratan bien, me está gustando. Otros amigos me habían hablado de este tipo de trabajo y no quería al principio, pero tomé la oportunidad y aquí estoy. ‘Is not bad actually’, es algo nuevo. Si todo mundo lo puede hacer, yo también. No tengo conocimientos especiales ni nada, me toman porque hablo inglés, that´s all. Todos hablan spanglish, como nosotros”, platica mientras se fuma un cigarrillo en su tiempo de descanso.

A diferencia de otros lugares donde solicitó empleo, en este call center no lo discriminan por sus tatuajes o perforaciones, tampoco por su acento.

Lamentó que incluso algunas personas lo han hecho a un lado, por ser diferente y se ha sentido discriminado por los propios mexicanos.

De igual manera, Marco resaltó que en México es difícil encontrar empleos bien pagados para personas que han sido deportadas o que hablan también inglés, ya que únicamente ofrecen puestos como lavadores de platos, meseros o conserjes.

“Después de cinco años de vivir aquí en México, me oyen hablar con compañeros y me preguntan: ¿cuál es ese dialecto? Creo que es ‘really ofenssive’, es muy discriminativo. En cuanto a trabajo, no es tan difícil encontrar aquí, pero los que hay son como para humillarte”, refuta.

Tan sólo en la capital hay cientos de anuncios por internet con la leyenda: “Se solicita agente telefónico bilingüe”. Los requisitos son saber inglés y tener más de 18 años.

Pero en donde más abundan estos centros de empleo es en los estados fronterizos como Baja California, Sonora, Chihuahua y Nuevo León. También en grandes ciudades al interior del país: Guadalajara, Ciudad de México, entre otras.

Los sueldos para agentes telefónicos bilingüe rondan entre los 7 mil hasta los 15 mil pesos mensuales, con prestaciones del IMSS, INFONAVIT, vales de despensa, fondo de ahorro, aguinaldos, vacaciones, bonos de productividad, seguros de gastos médicos mayores, seguros de vida y en algunos, hasta de servicios funerarios.

El trabajo básicamente consiste en responder o hacer llamadas telefónicas en inglés, de diferentes lugares de Estados Unidos. Brindan desde asesorías técnicas para servicios de telefonía y televisión por cable, hasta venta de productos y cobranza de adeudos.
Una opción entre pocas

Los call center en México se han convertido en los nuevos “refugios” para deportados y migrantes. De acuerdo con la investigadora Jill Anderson, del Centro de Investigaciones sobre América del Norte de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), para los jóvenes y adultos en este estatus, son opción atractiva trabajar por los beneficios en el sueldo, prestaciones y servicio médico que ahí les brindan, a diferencia de otros empleos donde se les ofrece menos.

La investigadora afirmó que a pesar del choque cultural al que se enfrentan por llegar a un país desconocido para ellos, laborar en un lugar como este es una manera de rehacer su vida y conectarse con otras personas que se encuentran en su misma situación.

Y es evidente. Fuera de los edificios donde se ubican los call center, se puede escuchar a los trabajadores en su tiempo de descanso hablar sólo en inglés, de manera muy natural. En algunos de ellos se aprecia la vestimenta típica de los “homies”: camiseta holgada, pantalones grandes, cadenas grandes alrededor del cuello y tatuajes en su cuerpo.

“Aquí vine porque pagan bien y hablan inglés. Me siento en confianza con la gente de aquí. La mayoría son también deportados. En mi grupo que acaba de entrar también, somos 15 y los 15 somos deportados. Hemos vivido en Estados Unidos y te acostumbras a hablar con gente así en inglés”, explica Rodrigo García, con una torta de jamón en su mano. Es su hora de break.

El hombre de 30 años vivió desde los diez años en Estados Unidos hasta que en 2012 lo deportaron por primera vez. Desde entonces, ha sido expulsado del país tres veces.

Para volver con sus tres hijas, su madre y hermanos, entró a trabajar en un call center para ahorrar dinero e intentar cruzar de nuevo, ilegalmente.

Rodrigo considera que en México no hay más oportunidades para personas como él: bilingües y sin mayor conocimiento del sistema y la sociedad mexicana.

“Que den más trabajos bilingües, no solo call centers, porque mucha gente que viene hablando inglés, no puede hablar con gente (en español) y no puede trabajar. Yo creo que sí, este tipo de trabajo, en call centers son la única oportunidad para nosotros, por la forma en que uno se mira, con tatuajes, y en un trabajo, con la forma de vestir y tatuajes, no te lo dan”, lamenta.

De igual manera, los entrevistados coinciden en que las autoridades mexicanas deben dar más información y orientación para los recién llegados al país, con el fin de que los ayuden a realizar trámites de documentos que desconocen para qué funcionan o donde se obtienen.

“Que dieran facilidad a las personas como nosotros, que tienen dificultad en sacar su identificación, y todo el papeleo. No tenemos idea de a dónde ir, donde sacarlo. Es muy raro para nosotros estar en un lugar, que es our country, but we don´t know shit. Si nos dejaran saber más como movernos, facilitarnos las cosas que tenemos que sacar, como Afore, and stuff like that, no sabemos ni que es, y donde lo podemos sacar”, señala Rodrigo.

El muro de Trump no los detendrá de volver

En cuanto a la construcción de un muro fronterizo y las políticas migratorias del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, Hugo Barreta consideró que no logrará frenar a los mexicanos que deseen cruzar de manera ilegal.

Además, dijo que con la posible guerra que enfrente con Siria, la deportación de migrantes será menor, ya que enviará a sus ciudadanos a la guerra y se quedaría sin mano de obra o producción.

“Con el movimiento de Donald Trump sí creo que haya más deportados, pero no creo que llegue a tanto, más si está en medio de iniciar una guerra con Siria. A quienes mandaría es a sus ciudadanos. Se quedarían sin mano de obra, producción. Yo creo que, para el mexicano, no hay muro ni puerta que no podamos pasar si así lo decidimos. Todo depende de la necesidad del humano, la migración siempre va a haber”, afirmó.

En el mismo sentido opinó Rodrigo García, quien ya ha cruzado de manera ilegal por el desierto y el río para estar son su familia.

Agregó que tal vez el muro frene a quien nunca ha vivido allá, pero a quienes tienen hijos y familiares, no los podrán detener.

“El muro no detendrá la migración. A los que hemos vivido allá no, tal vez a los que apenas se quieren ir. Porque uno regresa porque allá esta su vida, su familia, sus hijos. So, no creo que vaya a pasar eso, detenerse. La mayoría de mis amigos siempre regresan al mes, dos meses, aunque les den tiempo en la cárcel, no importa, allá está la familia”, afirma.

Por su parte, Marco recuerda su vida en Carolina del Norte y anhela con volver, por lo que así, como él, muchos mexicanos deportados buscarán de nuevo ingresar al que consideran, es su país.

“Mi vida allá era fun and easy. Me gustaba mucho y aquí en México no es igual. Yo creo que un muro no detendrá a los que queremos volver a tener eso, regresar a nuestra vida allá”.

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