Los esfuerzos del gobierno y de los hogares mexicanos que reciben remesas familiares deben enfocarse en estrategias para que dejen de depender de esos recursos, indica un estudio elaborado por especialistas de la UNAM y de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso).

Lo anterior debido a que de esa manera podrán sobrevivir en tiempos difíciles, cuando sean escasos los recursos por remesas por alguna situación de crisis migratoria o económica, como la que ocurrió en 2008.

En el estudio Las características de los hogares y el uso de las remesas internas y externas en México, Ana Melisa Montaño, de la UNAM, y Claudio Alberto Dávila, de Flacso, destacan que los receptores de remesas son, por lo general, las esposas o padres de los migrantes.

Sin embargo, establecen que la no dependencia de las remesas debería ser un asunto decidido por los mismos hogares y no por el gobierno, como lo hace a partir de programas que intentan redireccionar el uso de estos recursos, como el esquema Tres por Uno.

Uso de los recursos

Una forma de gastar las remesas que llegan a territorio mexicano es emplearlas para la construcción de parques, iglesias y otras obras de ese estilo, que algunos autores llaman inversiones productivas, comentan los expertos.

En el caso de México, ese tipo de inversiones se hacen a partir del programa Tres por Uno, pero para los especialistas no deberían ser consideradas como tal. “¿Por qué este tipo de actividades tienen que ser responsabilidad del migrante, cuando las condiciones del país de origen no les permitieron siquiera conseguir un trabajo formal con un salario adecuado?”, cuestionan.

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Otro ejemplo que refieren es el del estado de Michoacán, donde el gobierno estatal se enfoca más en ofrecer educación para la implementación de emprendimientos económicos a la población receptora de remesas, que en el redireccionamiento de esos recursos.

Sin embargo, advierten que el problema con dicho programa es que se dirige a la población con, al menos estudios de licenciatura, que es la menos propensa a recibir remesas, con relación a los que tienen poca o nula escolaridad.

De ahí que consideran que los esfuerzos, tanto de los hogares en particular, como en el caso de los gobiernos federales o locales, se deben enfocar en pensar estrategias que permitan la independencia de los hogares hacia ese recurso.

El reemplazo

En el estudio se plantea que las remesas más que un ingreso extraordinario, son el reemplazo del salario que los hogares dejan de recibir por la partida del jefe del hogar.

Se pondera que esta situación convertiría a la migración en una estrategia económica de los hogares, para sobrellevar los gastos relacionados con la vida cotidiana.

Mientras que las remesas internacionales tienen como destinatario principal las esposas de dichos migrantes, independientemente de su edad, los beneficiarios de las remesas internas en el país son los padres —muy probablemente en mayor proporción las madres—, y son ellos quienes responden por sus obligaciones económicas por medio del envío de remesas.