El presidente Enrique Peña Nieto dijo que su gobierno está a favor de modernizar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) a fin de que ese vehículo de integración económica entre México, Estados Unidos y Canadá logre hacer aún más competitiva la región de América del Norte.

Los comentarios los hizo Peña Nieto en el marco de la reunión de líderes del foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico y en respuesta a la intención del presidente electo estadounidense Donald J. Trump de renegociar ese acuerdo o abandonarlo si la mayor economía del mundo no logra obtener mayores beneficios para su país.

Ante esa postura de Trump, existe preocupación en círculos financieros y empresariales de México, Estados Unidos y Canadá sobre el posible fin del acuerdo, también conocido como North American Free Trade Agrement, o NAFTA, que tiene más de 25 años de vigencia y que ha catapultado el comercio entre los tres países.

Tan sólo entre México y Estados Unidos se intercambian hoy un millón de dólares de bienes por minuto, una de las relaciones comerciales entre dos naciones más intensas del mundo.

El acuerdo, sin embargo y como preveían sus creadores, ha causado estragos a ciertos grupos, sobre todo aquellos quienes ante la apertura comercial estaban menos preparados para poder competir, como ocurrió con ciertos sectores, como el textilero o el manufacturero estadounidenses, los cuales, ante los menores costos laborales de México, perdieron puestos de trabajo.

El textilero desapareció incluso de Estados Unido y, en buena medida, de México, por la aparición de oportunidades de manufactura de prendas en otras naciones con incluso menores costos laborales a los de México, principalmente en Asia o América Central.

Si bien los especialistas dicen que en general la región salió ganando con NAFTA, ya que gracias al acuerdo Norte América es hoy más competitiva que antes frente a otras regiones o países, como China, los problemas que ha causado en ciertos grupos o regiones, como la zona estadounidense conocida como rust belt o el cinturón manufacturero, han hecho que algunos políticos, intentando ayudar a esas zonas, busquen cancelar un acuerdo que ha beneficiado a otras y a Norte América en general.

Así, ante la postura política de Trump, quien de alguna manera debe su elección a muchos trabajadores desempleados, quienes votaron por él ante su promesa de que los ayudaría corrigiendo las supuestas desigualdades del TLCAN, el presidente Peña Nieto dijo estar dispuesto a sentarse a negociar para ver en qué aspectos ese acuerdo puede ser mejorado y con ello mejorar el crecimiento y desarrollo de la región.

“Hemos aprendido que el NAFTA puede ser modernizado; pueden incorporarse elementos que cuando se signó este acuerdo no estaban considerados”, dijo el presidente de México en la reunión de la asociación también llamada APEC (Asia-Pacific Economic Cooperation). “Modernicemos NAFTA. Hagamos de él un vehículo mucho más potente, un vehículo más moderno, que nos permita realmente consolidarnos, en esta reunión estratégica de México con los Estados Unidos y Canadá, como una región mucho más productiva y más competitiva frente al mundo”.

No es claro si la postura de México de estar dispuesto a revisar al TLCAN vaya a dar los resultados políticos que Trump requiere para poder decirle al electorado que cumplió con su promesa.

Trump incluso ya ganó el respaldo de algunos senadores demócratas, quienes también apoyan renegociar el tratado como lo dijo el líder de ese partido político en la Cámara Alta, Charle Schumer, en una entrevista el domingo con la televisora Fox News.

El partido demócrata, curiosamente, es mucho menos proclive al libre comercio que al republicano, aunque los presidentes demócratas Bill Clinton y Barack Obama lo hayan firmado y defendido, respectivamente.

En el pasado, los defensores de los acuerdos de libre comercio eran los miembros del partido Republicano, pero ante la llegada de Trump al poder ahora muchos legisladores de ese instituto político se oponen también a ese tipo de acuerdos.

Claro que Trump también ha reconocido que el tratado tiene sus ventajas para que Estados Unidos sea competitivo contra China al contar en México con una plataforma de producción de bajo costo.

El tratado “debe ser mejorado con la finalidad de que los trabajadores de ambos países se beneficien mutuamente de un comercio justo y recíproco”, dijo Trump cuando visitó México a finales de agosto. “Existen muchas mejoras que podrían efectuarse que harían que México y Estados Unidos sean más fuertes y podamos mantener a la industria en nuestro hemisferio. . . Nos enfrentamos a una tremenda competencia de China y el resto del mundo. Hay que mantenerlo en nuestro hemisferio”.

De cualquier manera, México enfrentará una dura batalla negociadora. Es más, el mismo presidente Peña Nieto dijo desconocer en los momentos actuales lo que Trump está buscando al hablar de que quiere renegociar NAFTA.

“Estamos en la etapa, primero, de privilegiar el diálogo como una ruta para poder construir una nueva agenda en la relación bilateral”, dijo Peña Nieto.

Claro que los mejores aliados del gobierno de México en las pláticas que sostendrá con el nuevo gobierno estadounidense son las mismas empresas estadounidenses que, o bien ya tienen operaciones en el país y desde donde exportan a Estados Unidos, o aquellas que venden miles de productos a México y que reciben ingresos cercanos a los 250 mil millones de dólares anuales gracias a que no pagan tarifas de importación al ingresar a México.

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