Quiero dedicar esta columna a nuestros migrantes en el mundo, a quienes admiro y agradezco enormemente la oportunidad de haber trabajado y sobre todo aprendido de ellos en este último año que la canciller Ruíz Massieu me dio la oportunidad de dirigir la política de atención a nuestras comunidades en el exterior.

Actualmente existen 12.5 millones de mexicanos en el exterior, de los cuales el 97% radica en los Estados Unidos. Después de EE.UU, los países donde hay más mexicanos son Canadá, España, Alemania, Guatemala y Francia. Adicionalmente, si consideramos a los mexicanos de segunda y tercera generación en ese país, tenemos un total de 35 millones de personas de origen mexicano que viven hoy en la Unión Americana. Asimismo, nuestro país cuenta con más de un millón y medio de connacionales que viven en diversas partes del mundo y que son considerados como altamente calificados, es decir cuentan con licenciaturas y estudios de posgrado.
La comunidad mexicana en el exterior representa una oportunidad enorme para nuestro país. Tanto aquellos que migraron a Estados Unidos en busca de mejores oportunidades y quienes a través de mucho esfuerzo y sacrificio han logrado abrir brecha y son fundamentales en la economía y sociedad americana, como aquellos mexicanos que ocupan posiciones de liderazgo e influencia en diversas industrias y materias en el mundo. En términos de impacto y relevancia para nuestro país, nuestros migrantes en Estados Unidos, además de aportar el 2.2% del PIB en remesas, constituyen una oportunidad de desarrollo para sus comunidades de origen; mientras que los segundos, son también una oportunidad relevante de desarrollo y educación, si logramos transitar de un paradigma de fuga de cerebros a un enfoque centrado en circularidad del conocimiento que permita incidir e impactar a aquellos mexicanos que han logrado colocarse y desarrollar su talento y conocimiento en otras partes del mundo.
Asimismo, siendo la juventud uno de los motores esenciales de nuestros mexicanos en el exterior, especialmente en Estados Unidos, la edad promedio de los hispanos en Estados Unidos es de 28 años, mientras que la de los mexicanos y personas de origen mexicano es de 26 años. Asimismo, las personas de origen mexicano representan 69% del total de menores de 18 años y 65% de los millenials de origen hispano en los Estados Unidos. Por ello no quisiera dejar de lado la relevancia de aquellos jóvenes que desde muy pequeños migraron con sus padres y son conocidos como dreamers. Ellos representan una oportunidad binacional y son el puente más importante entre ambos países, ya que entienden y enarbolan valores y cultura de ambos lados de la frontera. El reto para la política exterior mexicana, enfocada en nuestras comunidades, es mantener un vínculo e identidad con nuestra nación, al tiempo de generar interés en estos jóvenes de participar a través de la cultura, el intercambio económico y social con nuestro país y de esta forma generar oportunidades que impacten de manera positiva en la región.
Considerando lo anterior y lo dinámico y cambiante del fenómeno migratorio en su demografía y movilidad en los últimos diez años, es que en el último año, el Instituto de los Mexicanos en el Exterior, logró afinar algunas de sus políticas y programas de atención a través de la puesta en marcha de una amplia consulta con nuestras comunidades para construir a partir de las necesidades y oportunidades de la misma comunidad, al tiempo de entender las diferencias entre las diversas regiones y poblaciones de mexicanos que viven fuera de nuestro país. Asimismo, se logró dinamizar la transversalidad y compromiso intersecretarial de nuestro país con nuestra diáspora en Estados Unidos para, de esta forma, contribuir a una mejor inserción e integración de nuestros migrantes en los lugares en los que han decidido vivir, así como para construir puentes que permitan un mejor intercambio entre ambos países y aprovechar la ecuación entre migración y desarrollo de manera más estratégica. Finalmente, la política de atención a nuestros mexicanos en el exterior debe enfocarse de manera primordial en el empoderamiento a través de la educación, la reactivación económica y el desarrollo social de nuestros connacionales y en especial de nuestros jóvenes.}
Nuestros migrantes son gente comprometida, exitosa, solidaria y de mucho trabajo y sobre todo son una gran oportunidad para nuestro país si se logra aprovechar su talento, éxito y amor por México para vincular economías, cultura y conocimiento de los países en los que viven y el nuestro.
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