“Nosotros no podemos hacerlo, Ustedes si porque tienen 2000 años de experiencia” comentó en un desayuno Don Gastón Luken cuando insistíamos (José Galicot y un servidor) en la conveniencia de organizar a las comunidades mexicanas en los Estados Unidos siguiendo el ejemplo de la comunidad judía y de la que ha sido en los últimos años su organización más eficiente AIPAC.

Pero el tema no era ni remotamente novedoso para ninguno de los dos.  En 2014, Galicot, dedicó su evento de Tijuana Innovadora para presentar a exitosos miembros de la comunidad México-americana en el evento de la ‘Diáspora Mexicana”.

Años antes, yo ya había creado tuspuentes.com en un afán por crear ‘puentes’ de comunicación que unieran a las comunidades mexicanas de Estados Unidos con sus pueblos de origen en México con un grado de sensibilidad y un nivel de penetración extraordinario basado en las experiencias históricas y mediáticas de las otras comunidades de migrantes que llegaron antes a Estados Unidos

Similitudes entre la migración judía y la mexicana a los Estados Unidos:

La “diáspora mexicana” ha seguido el mismo camino y experiencia migratoria que tuvo la migración judía de hace 100 años manteniendo en la primera generación un altísimo grado de comunicación entre las comunidades de origen y las de destino y perdiendo en las sub-siguientes generaciones primero el idioma de origen y en la siguiente generación además del idioma la relación con el país de origen que para los jóvenes “ya no tiene nada que ver con ellos porque ellos, antes que nada, son norteamericanos”

Pero además del movimiento asimilatorio y el consiguiente alejamiento de la madre Patria también hay que considerar la reacción de los estadounidenses a la ola migratoria y curiosamente, aunque hoy casi todos lo ignoren, la reacción a la comunidad mexicana es idéntica a la que hace 100 años se tuvo con la irlandesa primero y después con la judía.

Hace poco más de cien años millones de irlandeses abandonaron su país ante la creciente pobreza e inseguridad.  Cuando fueron “demasiados” la sociedad americana clamó por el cierre de las fronteras y el alto a la inmigración católico-irlandesa que –según ellos- destruía al país.

Unos cuantos años después pasó lo mismo con millones de judíos de Europa oriental que abandonaron la región ante la creciente pobreza que se tradujo en un creciente antisemitismo y que los empujó a cruzar el mar en condiciones poco menos que idóneas en busca de la “América”.

Durante algunos años entraron sin mayor problema todos los que quisieron, trajeron su idioma y construyeron la que por múltiples motivos históricos terminó convirtiéndose en la comunidad más importante del mundo judío entre otros motivos porque las remesas enviadas desde acá fueron la tablita de salvación de millones de familias de Polonia, Rusia, Ucrania, etc. Dándoles a los nuevos “americanos” un prestigio e influencia enorme sobre lo que allá pasaba.

De pronto, nuevamente se repitió la historia y la “derecha” americana exigió el cierre de fronteras para estos “ilegales criminales” que, con su idioma, sus ideas y su presencia misma “contaminaban y destruían -según ellos- la sociedad americana.

Se levantó un “muro” que primero, detuvo esta migración y que después intentó – con muy poco éxito- separarla de sus pueblos de origen.

La frontera que nunca se iba a cerrar, la identidad que nunca se iba a perder:

Hace algunos años, platicando sobre esta experiencia con Víctor y Martha Díaz (dueños de la única estación mexicana que, en inglés, conquisto el mercado México-americano en USA) ellos afirmaban que no era posible que esto pasara con los migrantes mexicanos primero porque éramos mucho más que los judíos (5 veces más para ser un poco más exactos), segundo porque nosotros “nunca dejaríamos el español” lo cual la generación que nos siguió demostró que sí, que la segunda generación lo abandonaría primero al dejar de saber escribirlo, luego al no poder y no querer leerlo y tercero porque era más cómodo y conveniente hablar bien inglés y usarlo para integrarse que conservar su lengua y sus costumbres.

Así, en este último par de años, los principales programas de televisión en español están cerrando ante el ‘envejecimiento ‘de su audiencia y su consecuente baja de rating (igual como paso con la radio judía), “casi nadie que se respete” – en la segunda generación- oye radio mexicana o ve su televisión a pesar de que esta alcanza de una u otra forma a 20 millones de personas.

Lo que es peor, ante el envejecimiento de los migrantes originales –y sobre todo el de sus familiares en los puntos de origen- la relación madre-hijo, esposa original-esposo, se empieza a desdibujar y con esto el monto de las remesas corre el peligro de disminuir.

Y si esto pasa, ¿quién podrá salvarnos?

Hace unos años, durante la campaña del INE en Estados Unidos discutí ardua y constantemente tanto con el Sr. Lerdo de Tejada (en aquellos años representante del PRI para los Estados Unidos como con Jesús Zambrano (del PRD) Eduardo Bravo y Bonifacio Herrera del PAN más los representes del PT, y otros partidos la importancia de acercarse, apoyar, organizar, reconocer a las comunidades México-americanas no como “pobres inmigrantes” que abandonaron México sino como “ricos americanos” que podrían ayudarlo en tantas formas.

Traté, tanto en San Diego como sobre todo en Chicago y después durante la campaña del Sr. Peña Nieto nuevamente en San Diego con quien entonces venía a nombre de esa campaña a explorar el país de convencerlos de acercarse a esta comunidad con el respeto que sus remesas – y su humanidad- merecían, pero siempre con poco éxito.

Pero mientras la mayoría de los políticos mexicanos no podían comprendernos más que como mexicanos en el exterior, (algunos nos veían como traidores) los empresarios si comprendieron el creciente poder de los mexicanos en Estados Unidos y aumentaron sus ventas en este país hasta que para muchos Estados Unidos y sus comunidades México-americanas representan hoy más ingresos que el propio México no solo porque es en dólares (los que por sí solos les han representado mayores ingresos sino porque los México-americanos  – al igual que los judíos o los irlandeses antes que ellos- han ‘exportado’ sus gustos, sus comidas, sus productos al resto de la población tanto por medio de los matrimonios “mixtos” como por medio de la influencia natural entre grupos.

Los mexicanos y los México-americanos no son iguales:

Quienes trataron de replicar su experiencia mexicana para traer sus negocios a Estados Unidos fracasaron porque “la raza” local no es igual a la de allá, porque los de acá, muchas veces sin darnos cuenta, nos volvimos “gringos”, cambiamos hábitos, cambiamos formas y aprendimos a pensar, a comprar, como los “de acá” y los que no lo aprendieron se rezagaron, se quedaron atrás económica y culturalmente, muchos hasta regresaron a México y otros viven encerrados en barrios mexicanos.

Estos cada vez se marginan más porque el idioma predominante – y muchas veces el único- es inglés (aun entre los hijos de los ilegales) y la cosmología e identidad política es americana (igual como les pasó a los judíos de hace 100 años a pesar de que ellos traían una práctica política más extendida)

De cualquier manera, no hubo manera que nuestra Organización Latino Americana para la Defensa de la Democracia (OLADD) atrajera la atención de los políticos mexicanos a pesar de nuestros esfuerzos por convencerlos de que la historia se repetiría porque siempre sucede así.

La verdad es que hace apenas 4 años, nadie en su sano juicio creía que la inmigración iba a ser detenida y menos aún que pudiera ser físicamente separada de México hasta que de pronto todo empezó a suceder en rápida secuencia.

Primero dentro de un ambiente económico muy parecido al de los años treinta, con una crisis financiera mundial que generó una caída en los ingresos de las clases medias de casi todos los países ‘desarrollados’ además de una tremenda inseguridad emocional y laboral en millones de obreros y “clase-medieros” que vimos nuestras ilusiones de alcanzar el famoso sueño americano desvanecerse entre nuestras manos generando miedos y sentimientos que no se habían presentado en la sociedad estadounidense desde los años treinta.

Luego, el Sr. Obama, rompiendo todas sus promesas de campaña, inicio una persecución feroz imperdonable de la población indocumentada, separando familias sin ninguna consideración y deteniendo y expulsando a mas mexicanos de los que todos los presidentes anteriores habían expulsado en conjunto; incremento el número de tropas y permitió el aumento de la violencia en la frontera, creando en la comunidad México-americana una atmósfera de terror muy parecida a la de la persecución antijudía de McCarthy nada más que mejor disfrazada y mucho más extendida.

La reacción inicial en México, -al igual que en Europa en aquellos años- fue de incredulidad, los “americanos” no harían esto o aquello porque “no les conviene”, “porque somos mano de obra barata”, “porque aportamos más de lo que tomamos”, “porque somos indispensables para su economía”, etc. y además, acaso no seguía llegando gente y aumentando las remesas?

Y entonces vino una estrepitosa caída del petróleo (que afectó de manera particular las finanzas de Rusia, el mundo árabe, Venezuela y otros “indeseables” (desde la perspectiva americana) y como “víctima no deseada” a México (daño colateral por fuego amigo); luego –y a pesar de las solicitudes europeas- se reforzó al dólar lo que afectó aún más a estas economías.

Ante la baja de los ingresos por exportaciones y de los ingresos por venta petrolera el rubro de ingresos por remesas se convirtió, de la noche a la mañana en el más importante para la economía de México.

Desafortunadamente, como ya mencionamos antes, con el paso de los años estas remesas disminuirán hasta desparecer a menos que…

AIPAC y otras organizaciones como ejemplo a seguir:

El Sr. Galicot, en una más de esas interesantes discusiones con miembros del Gobierno Mexicano preguntó qué haría el gobierno mexicano si fuera una empresa y tuviera un cliente del que, sin ningún esfuerzo y ningún gasto ni apoyo, recibiera 25,000 millones de dólares anuales y del que, con un poco de atención podría recibir millones más.

Y así hace meses se abrió una puerta cercana a Presidencia invitándonos a ir al DF bajo la premisa de que “si tienen ideas tráiganlas queremos escucharlas”.

Fuimos a México, empezamos un dialogo que ha incluido no solo al gobierno sino también al Tesoro de los Estados Unidos para el cual el tema de las remesas es tan importante como para México.

Igual las pláticas continuaron para lograr 3 objetivos específicos:

  1. Aumentar las remesas en 20% (lo que representaría 3 veces el monto del programa social del país);
  2. Reforzar la identidad de las nuevas generaciones con su pasado histórico sin afectar sus lealtades ni posibilidades de desarrollo en los Estados Unidos,
  3. Organizar un lobby México-americano (similar a AIPAC) que no solo luche por los derechos de la comunidad (que han sido violados exponencialmente por falta de organización y presión política) sino también y por sobre todo, luche por ayudar a México económica y políticamente en sus relaciones con los Estados Unidos desde un grupo de activistas políticos norteamericanos ‘independientes’ del Gobierno Federal, pero compartiendo sus intereses vitales porque en el bienestar de uno radica el del otro y viceversa.
  4. Crear una Política de Estado Permanente que cruce sexenios y haga entender al pueblo y al gobierno estadounidense que México es su mejor aliado

Tercera llamada, tercera…

Y las pláticas avanzaban feliz pero lentamente hasta que de pronto en un tercer y estrepitoso acto entró en escena el Sr. Trump con tres premisas muy simples:

  1. El principal problema de los Estados Unidos son no todos los inmigrantes sino en particular los mexicanos que somos unos “criminales” –ojo, no los hispanos, no los latinos – de esos hay muchos y buenos- sino solo los mexicanos que representamos todo lo malo que es fácil odiar.

En los años treinta se dijo exactamente lo mismo de los judíos a los que se acusó de criminales y “comunistas” (que entonces representaban a todo lo malo) mientras que hoy los mexicanos somos criminales y narcotraficantes (quienes hoy ocupan el lugar que entonces tenían los comunistas).

Para detenerlos hay que construir un gran muro que ellos mismos deben pagar. (A los judíos no les pusieron muros porque venían por agua, pero les cerraron los puertos mandando a muchos de regreso a Europa a una muerte segura con boletos que ellos mismos debían pagar).

Y así, sin obstáculos ni nadie que lo detuviera ha ido subiendo de tono y de urgencia la conversación por lo que nuestras recomendaciones son ahora, creo yo, aun mas urgentes

De remesas de subsistencia a remesas de inversión

Lo primero que hay que hacer, porque México lo necesita, es aumentar las remesas ahora que no tienen ningún impedimento para lo cual hay que convencer a los estamos en Estados Unidos de mandar más y convencernos de que nos conviene hacerlo.

El mejor camino y el de más larga duración es el convencernos de además de mandar lo que yo he dado en llamar “remesas de subsistencia” porque quienes enviamos dineros lo hacemos lo más mesuradamente posible muchas veces porque tememos que se lo roben a quien lo recibe, que lo malgaste, que se pierda en el camino a la tienda, que se lo tome el compadre, etc. Y otras porque no ha existido un mecanismo de verificación de uso ni una garantía de propiedad extensiva para quienes lo enviamos.

Si existieran estas garantías de propiedad mandaríamos más porque tendríamos más control sobre su uso, pero además, si pudiéramos controlar el destino de estos dineros y mantener su propiedad podríamos invertir en una propiedad que sea nuestra para retirarnos en un país donde un cheque del Social Security rinde mucho, pero mucho más que acá en Estados Unidos (y en español).

Esto nos haría pasar, por nuestra personal conveniencia y para beneficio tanto de la familia en el poblado de origen como del México-americano de remesas de subsistencia a remesas de inversión.

¿Qué hay que hacer para lograrlo?

Para tener éxito a corto plazo (aumentar el flujo de remesas en por lo menos 20%) son necesarios unos cuantos cambios (todos cosméticos a las reglas actuales) que nos permitirían ver en México nuestro futuro, nuestro paraíso de retiro, el lugar donde darle a nuestra madre, a la familia, a los que se quedaron allá, una seguridad financiera que hoy no tienen y, al mismo tiempo, beneficiarnos y beneficiar a toda la comunidad.

Pero esto es solo una solución a corto plazo, para asegurarnos que el ingreso de las remesas además de crecer continúe como “recurso renovable” hay que rescatar la identidad mexicana de las jóvenes generaciones (a mediano plazo) para garantizar que este flujo no se detenga con la muerte de los receptores actuales en México sino al contrario que como pasa con los judíos americanos e Israel este flujo se multiplique según va mejorando la economía de la comunidad y

Para garantizar a largo plazo, que ningún próximo Trump pueda poner a México en jaque hay que crear un grupo de presión político con el bienestar de México como su objetivo principal (AMPAC American Political Action Committee) que permita dentro del marco legal estadounidense organizar a la comunidad, apoyarla en sus luchar y crear presión sobre el sistema político para que votan a favor de leyes razonables y detengan aquellas que dañen nuestros intereses.

Se dice fácil…

Si ya sé que, como dijo el Sr. Luken, tenemos (los judíos) 2000 años de experiencia en organización social y política pero donde dice que está prohibido no usar esta experiencia para el bien de los México-americanos y de México.?

Con esa experiencia Galicot creo Tijuana Innovadora, un experimento social sin paralelo en todo México.

Esos 2000 años de experiencia nos permitieron crear los instrumentos de comunicación y acción política como el IDFLink, DiarioJudio, Hispanopolis, AMPAC, etc. que permiten replicar el éxito de las organizaciones juveniles, culturales y políticas judías en beneficio de la juventud, la comunidad y el futuro de los México-americanos y nuestro país de origen, México.

La fórmula pues es muy sencilla:

Tomemos la experiencia ya acumulada y usémosla para beneficio de la comunidad México-americana y de México en un formato que la historia ha demostrado que es exitoso y que nuestras acciones en los últimos años han demostrado que es transferible de generación en generación.

 

Si, la historia si es replicable cuando se le conoce y se le aprovecha.

Hagámoslo!